miércoles, 21 de junio de 2017

Un veterinario en la industria


Mi abuelo, José Antonio Avilés Roldán nació en 1932. Su padre era maestro, y por ello, al no tener que ayudar económicamente en casa, no tuvo que dejar de estudiar, como pasaba en muchas familias en aquella época.
Cuando llegó el momento de ir a la universidad, tuvo que decidir entre las dos carreras que más le gustaban: veterinaria y filología española. Se decidió por la primera, ya que tenía familia en Córdoba, donde se encontraba la facultad de veterinaria, por lo que los gastos serían menores, porque el dinero no les sobraba.
Ya siendo veterinario, le destinaron a Málaga en 1965. Su trabajo consistía en inspeccionar las fábricas de embutidos, los mataderos de aves, fábricas de piensos, centrales lecheras, centros de recogida de leche y chacinerías menores.
Él no trabajaba directamente en la industria, sino que inspeccionaba las condiciones sanitarias de la industria agroalimentaria. El principal objetivo de su trabajo era proteger al consumidor de la posibilidad de que las enfermedades animales afectaran a los alimentos y, en consecuencia, se transmitieran a las personas.

Algunos años después, se presentó a unas oposiciones, y se hizo funcionario de la Junta de Andalucía en la Consejería de Agricultura y Pesca. Trabajó curando animales y en la mejora ganadera (cría selectiva).

Murió en 1996 de una enfermedad bronquial (EPOC) debido a varios motivos: cuando era joven fumó, de pequeño tuvo una neumonía que no curó bien y a que por su trabajo, entraba mucho en corrales en los que el polvo en suspensión mezclado con la suciedad de los animales era dañino para sus bronquios.



Carta de mi abuelo a su padre.


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